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4 de julio de 2026

El fútbol que se olvidó del barro: cómo la élite cambió la pasión del hincha, columna de Gerardo Silva

Gerardo Silva reflexiona sobre la transformación del juego: del potrero y el barro a la élite y los contratos millonarios, y el desajuste entre la vida del jugador y la del hincha.

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El potrero y la vitrina

El fútbol cambia según el lugar donde se juegue. No es el mismo juego cuando pateas pelotas desinfladas en un potrero que cuando cobras por partido más de lo que un hincha junta en toda su vida. Esa es la metamorfosis: lenta, silenciosa, brutal.

Del potrero a la vitrina.

Todo empieza igual: barro en los botines, camiseta prestada, arco de piedras y el sueño de ser visto. Ahí el fútbol es hambre. Es necesidad. Juegas para tu mamá en la galería, para el amigo que te hizo un pase, para el barrio que te gritó cuando eras Mateo y no tenías nada.

La lengua de la élite

Cuando el jugador llega a la cima, la vida le cambia: hoteles, aviones privados, contratos millonarios. La élite del fútbol modifica la conciencia. Dejas de jugarle a la galería y empiezas a cuidar tu leyenda, tu marca, tu ego. El esfuerzo y el sacrificio siguen siendo reales; nadie regala la cima. Pero la mirada se desplaza.

Millonarios que lloran por ego, no por pan.

Dos realidades, dos conciencias

Cuando un futbolista cae de rodillas por perder una final, la reacción no conmueve igual que la del aficionado que realizó un enorme esfuerzo para estar en la cancha. Perder un penal duele; es humano. Pero no siempre equivale a tragedia. La tragedia, como escribe el autor, está en la otra vereda: el hincha que juntó 3.000 dólares con esfuerzo para estar al borde del campo, con la cara pintada, y que ve desaparecer su único escape semanal.

Para el jugador el Mundial puede ser un capítulo más en su biografía. Para el hincha, a menudo, es el libro completo. Un torneo no cambia la realidad socioeconómica de quienes están en la tribuna; solo coloca un barniz brillante sobre la pasión.

Roles claros

Los jugadores, como gladiadores modernos, han superado muchas dificultades para llegar donde están. Ganen o pierdan, en muchos casos ya le ganaron a la vida. Nosotros, los que pagamos la entrada y sentimos cada derrota como algo personal, habitamos otra realidad.

Disfrutar sin llorar por ellos. Gocemos el gol, discutamos el VAR, lloremos la derrota. Pero sin confundir roles: ellos perdieron un partido; nosotros no debemos perder la cabeza por eso.

Columna de Gerardo Silva.

Fuente: https://primerabchile.cl/el-futbol-que-se-olvido-del-barro/