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13 de agosto de 2025Cómo Catalina Soto pasó de pedalear con “Furiosos ciclistas” en Santiago a competir en el Tour de Francia con las mejores del mundo
Catalina Soto (24) siempre fue una niña activa. Practicó fútbol, básquetbol, taekwondo, danza moderna y hasta un poco de tenis. “Hacía muchas actividades, me movía mucho cuando chica”, dice. Sus primeros recuerdos disfrutando la bicicleta se remontan a las reuniones del movimiento “Furiosos Ciclistas”. Para ella, todo partió con las cicletadas que se organizaban el primer martes de cada mes en Santiago. “Tengo ese recuerdo súper vivo. Un día, una cicletada terminó en el velódromo (del Estadio Nacional) y mi mamá -que era súper joven- era amiga de la gente que andaba allí. Y empecé a ir al velódromo a dar vueltas“.
En ese minuto, se enamoró de las dos ruedas. “Esa navidad mi mamá me regaló mi primera bicicleta de pista. Una genérica, toda de aluminio, para empezar. Ahí me metí en el mundo del fijo en el velódromo y comencé a entrenar“, cuenta.
Catalina Soto contesta el llamado de The Clinic desde Mendaro, en el País Vasco, en donde vive hace dos años. Luce una polera blanca con la frase “Femmes on Tour”, que además incluye unas cuantas siluetas de personas andando en bicicleta en medio de la montaña.
La joven de 24 años acaba de terminar su segundo Tour de Francia femenino, la competencia más prestigiosa del ciclismo mundial en ruta. La ciclista se hizo viral tras protagonizar una fuga durante 140 kilómetros en la etapa 3.

Un prometedor futuro en el ciclismo a su corta edad
En 2015, su mamá y su pareja decidieron irse a Australia. “Yo ni sabía inglés, no quería irme. Pero mi mamá hizo todo lo posible por encontrarme un club y terminé ingresando al Brunswick Cycling Club, que aún forma parte de mi. Fue fuerte, porque estaba viviendo muchos cambios de adolescente y de la nada me pusieron todo nuevo”, asegura.
Al año siguiente, su mamá quedó embarazada y se devolvieron unos meses a Chile. Justo en esa fecha, en diciembre, era el Campeonato Nacional de Ciclismo de su categoría. “Se abrió la posibilidad de correr y gané todo. Hice un montón de récords. Así que la federación me dijo que estaba preseleccionada para los Juegos Sudamericanos del próximo año”.
“Cuando volví a Chile, me quebré la clavícula el primer día. Y competía en una semana y media. Se me cayó el mundo, porque sabía todo lo que había entrenado y había vuelto a Chile solo por el sudamericano. Fue una mala experiencia, pero como en mi familia somos tantos, se movieron y encontraron a un doctor que me pudo operar”.
En esos juegos, con solo 16 años, Soto demostró que su futuro era más que prometedor: ganó dos oros en la pista, una en la prueba de ómnium y otra en persecución individual. Y en la ruta salió tercera. “Estaba muy feliz por todo lo que tuve que pasar. Ese resultado me abrió las puertas para ir al Centro Mundial en Suiza, que tenía un proyecto de traer distintos talentos de países que no tenían el ciclismo tan desarrollado.
Los altos y bajos de su carrera en Europa
Ya radicada en Europa, Soto logró un histórico cuarto lugar en el Mundial Juvenil y quedó por solo un punto fuera del podio. Al otro año, cuando tenía 18 años, decidió volver. “En el mismo Centro Mundial, gané mi primera medalla en un Mundial Juvenil de Ciclismo en Pista. Quedé segunda, fue un tremendo logro, pero no me daba cuenta de eso. Yo quería ser campeona del mundo, tenía la vara súper alta”, comenta orgullosa.
Luego vino la pandemia, y la deportista chilena se dio cuenta que estaba en una burbuja alejada de la realidad profesional. “Me estaba perdiendo muchas carreras. Entonces le escribí a otros equipos y me contestó NXTG. Empezamos a conversar y me recomendaron ir a conocerlos en persona. Y firmé con ellos dos años”.

“Me fui a vivir a Holanda, un país que llueve siempre, nadie habla el idioma. En mi caso todos fueron pesados. Tenía solo 19 años, lo pasé súper mal. Era en la punta del cerro, no había nadie. Yo quería ser deportista profesional. Y ese era el paso que tenía que dar. Fue súper duro, porque sabía lo que quería pero no sabía a lo que iba“, agrega.
Ese año la ciclista ganó el cupo país para competir en la ruta de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 pero no logró terminar la ruta. “Me empezaron a llegar noticias y opiniones. No me acuerdo muy bien lo que decían pero fue duro leer todo eso. Y yo tenía solo 19 años. En Holanda me encerré y ni miré la bici. Cuando el equipo me llamó para correr me caí y tuve una conmoción cerebral. Estaba todo el día durmiendo, no hacía nada. Fue en ese minuto en que dije ‘ya está’. No quiero seguir haciendo esto“.
Su vuelta al profesionalismo
En 2021, de regreso en Chile y alejada de las competencias, Catalina Soto recibió un llamado de la Federación de Ciclismo. “Faltaba gente en la cuarteta para los Juegos Panamericanos de la Juventud en Cali. “Necesitaba un cambio y me salió perfecto. Estaba disfrutando. El equipo mejoró mucho y sacamos medalla en los Panamericanos. En la ruta quedé cuarta pero estaba súper feliz con mi resultado. Gracias a esa oportunidad con el Team Chile pude decidirme a intentarlo de nuevo“.
“Le escribí a Bizkaia Durango, que me había contactado en el tiempo que estuve abajo de la bici. Y les pedí una oportunidad. Para mi sorpresa estaban esperando mi mensaje. Entonces, armé todo un grupo de apoyo, con psicólogo, nutricionista. Y empezaron a salir las cosas bien. Volví a ser Catalina Soto, volví a estar contenta”, destaca.
En 2023 buscó nuevos horizontes y firmó por dos años con Laboral Kutxa, también de España, el equipo donde compite actualmente. Al año siguiente, ganó nuevamente el cupo país para ir a Paris 2024, donde logró completar el circuito. Y compitió en su primer Tour de Francia, su competencia favorita.

Para Catalina Soto, no hay competencia que se asimile a lo que transmite el Tour de Francia. “He hecho las tres grandes vueltas -el Giro de Italia, la Vuelta a España y el Tour de Francia-, he competido en los JJOO, en mundiales, y un montón de carreras en mi carrera profesional. Pero no hay nada como el Tour de Francia. Fue increíble: la cantidad de gente, la parafernalia, la energía. Es una carrera única, me encantaría volver todos los años“, cierra la destacada ciclista nacional.
















